El Fanguito

Siempre es el teatro popular el que salva a una época. A través de los siglos ha adoptado muchas formas, con un único factor común: la tosquedad. Sal, sudor, ruido, olor: el teatro que no está en el teatro, el teatro en carretas, en carromatos, en tablados, con el público que permanece en pie, bebiendo, sentado alrededor de las mesas de la taberna, incorporado a la representación…

Peter Brook

Llevaba varios días en un busca de un exterior. Vísperas de la gira, apareció por fin, el buscado vecindario. Le había pasado por encima mil veces hasta que una tarde, mientras mi madre tomaba un té asomada al balcón esquinero de la calle 24, me dijo «lo que llevas buscando tantos días está allá abajo». Fruncí el ceño. Le había dicho que no quería grabar en el Vedado. Ella exhaló con pretendida distensión su habitual suspiro de madre: «El Fanguito. Te hablo del Fanguito, no del Vedado», dijo.

El Fanguito, en los límites del Vedado, era sin duda mi barrio tan buscado. Para quien no conozca La Habana, El Vedado es un barrio residencial que aún se esfuerza en lucir con elegancia sus remilgados aires de alta burguesía. El Vedado y el Fanguito son lo opuesto en esencia y apariencia. El primero más que un barrio es un distrito con un diseñado urbanístico modélico; el otro es más bien un asentamiento construido entre recovecos. Al borde del río Almendares, la ciudadela se extiende a su antojo bajo la lógica natural del orden de llegada. Alguna que otra casa surge como pieza de barro de sus insalubres aguas. En cualquier caso, por ironías de la historia y el decursar político administrativo del país, ambas zonas pertenecen hoy al Municipio Plaza de la Revolución. Juntos pero no revueltos, un vecino del Fanguito – a falta del gentilicio propio- no ha de decir jamás que vive en el Vedado pese a formar parte de él.

A las ocho de la mañana del sábado siguiente a esa conversación en el balcón esquinero de la calle 24, los tambores empezaron a sonar muy suave la primera media hora. Los músicos convocados habían llegado cansados. Los bailarines, más cansados que los músicos habían cogido en grande su noche de viernes y hacían esfuerzos para concentrarse. El Maestro, consciente del estupor matutino de los allí presentes, dio orientaciones a los músicos con su habilidad para convertir el salón, en este caso la calle, en un espacio ceremonial. Alguna gente empezó a asomarse a los balcones y otras salieron de sus casas tomando asiento en un taburete o en el contén que es el testigo más sabio de cualquier barrio popular cubano.

«Puedo tomar cualquier espacio vacío y llamarlo un escenario desnudo. Un hombre camina por este espacio vacío mientras otro le observa, y esto es todo lo que necesita para realizar un acto teatral.» Con estas palabras diáfanas y mil veces citadas inicia Peter Brook. El espacio vacío. Algo así fue lo que sucedió esa mañana. Los bailarines de Danza Contemporánea de Cuba ―días antes de presentarse en los más distinguidos y rimbombantes teatros Europeos― ofrecieron función gratuita y a domicilio a la gente de El Fanguito. Tras un intento fallido de mostrar la danza en sus formas más estilizadas irrumpió, como era lógico, el baile popular presidiendo aquella función sobre el asfalto.

Cuando todo acabó una octogenaria en short, camiseta de tirantes y como corona un torniquete, se presentó como la presidenta del CDR. Evité mostrarme nerviosa aunque lo estaba. Aquel “acto” carecía de permisos burocráticos específicos. No sabía que con un papel del Ministerio de Cultura y la mención de algunos acrónimos infalibles, mi escuálido equipo de producción, regentado oportunamente por mi madre, habían dejado recado del “evento” la tarde anterior. Para mi sorpresa, la presidenta del CDR dijo: «Ayer en la noche me dijeron que vendrían, desde tempranito la situación está controlada. Desde tempranito pusimos una soga y prohibimos la entrada de vehículos por la única calle de este barrio. Firme aquí para dar cuenta que la actividad se realizó. Les damos las gracias (dijo mirando a mi madre) porque a este barrio lo tienen olvidado. Vamos a darle agua a los muchachos y café hasta que alcance».

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