La Mima y los cuerpos

Caen las aguas de mayo y como cada mañana, llega Ella sin falta pese al aguacero. No sabemos su nombre.Todos aquí la llaman Mima, La Mima. Es química de formación pero ahora se dedica a la venta de comida ambulante. El itinerario de su negocio no implica grandes trotes porque cuando llega al Teatro Nacional, allí donde radica Danza Contemporánea de Cuba, toda la merienda que trae dentro del carrito se acaba casi antes de cobrarla.

Cuando algunos cuelan aún su primer café; los bailarines ya han terminado su entrenamiento matutino. Bajan con hambre y billetera en mano. Agobian a la Mima entre pedidos y el vuelto de los billetes grandes. Algunos llevan tres meses comiendo fiado. Hay besos melosos y cariños para La Mima y, por supuesto, la promesa de que a fin de mes te pago seguro. «Cómo no pagues antes de la gira, a tu regreso te voy a cobrar lo que me debes en euros». Sobre el impago de la deuda chistes van y chistes vienen. El timbre interrumpe el choteo que está a la orden del día. Apuran el cigarro y el fondillo del café. La disciplina casi marcial está de la mano de Miguel Iglesias que ha dejado claro que el ensayo empieza A EN PUNTO. Vuelve a sonar el timbre de forma prolongada. Los bultos invertebrados que insisten en permanecer en las sillas plásticas unos segundos más, se incorporan a disgusto. Se estiran y empiezan a tener morfología humana. Progresivamente se transforman en atletas mientras suben veloces la escalera. Una vez empezado el montaje, se transforman en artistas.

Vuelo rasante, vértigo, el rostro a milímetros del suelo, acción y reacción, elevarse y caer, saltar, rodar, elevarse otra vez y girar; tantos verbos como existan para describir el movimiento, no uno cualquiera, sino el movimiento de un cuerpo hecho al fuego continuo de Danza Contemporánea de Cuba.

«El bailarín cubano y específicamente el bailarín de Danza Contemporánea de Cuba -dice a modo de autocrítica Heydi Batista- se caracteriza por la fisicalidad […] Mientras más suda, mientras más se cansa, mientras la pierna sube más alto, ahí es donde cree estar mejor […] Creemos resolverlo todo con movimiento y mientras más virtuosos, mientras más movimiento, más cansados terminemos; mejor.»

Mientras la experimentación gana terreno en el arte contemporáneo con obras memorables y otras catastróficas —ninguna novedad desde las vanguardias— a DCC se le achaca, como dice Heidy, un exceso de fisicalidad en detrimento de cualidades interpretativas y búsquedas loables de sentido escénico. Ésta es una observación justa y discutible al mismo tiempo, donde habría que analizar, en primer término, las intenciones creativas que cambian según los coreógrafos y las piezas. El repertorio de Danza Contemporánea de Cuba es tan variado que sería incoherente definir el trabajo de la compañía desde un solo aspecto. Tampoco será en este texto que abramos ese melón.

Por lo general, no entraremos al teatro. Estas entregas forman parte de una investigación llamada Fuera de escena y por eso, casi nunca narramos desde el patio de butacas. Antesala de funciones y aplausos permaneceremos, por lo general, en el salón como testigos imparciales durante cinco años. Estamos —imaginemos que estamos— en 2012. Son los primeros días de mayo y este año sí ha llovido. Los aguaceros son apocalípticos pero una vez que escampa el sol seca todo con una eficiencia excesiva. En pocas horas la humedad se apodera de todo. El aire se hace denso y cuesta concentrarse. La presión atmosférica experimenta variaciones bruscas e impacta en el ánimo (voluble por defecto) de los bailarines. El salón parece un ring. Llevan guantes en las manos. El Newcastle Theatre Royal y el Sadler’s Wells de Londres serán los espacios donde se exhibirá lo que están ensayando, Sombrisa. Una pieza de gran exigencia física y concebida como parte de la oferta cultural de los Juegos Olímpicos. La danza, el arte, el deporte, el cuerpo, el espectáculo, el mercado; son demasiados vectores para combinar, y menos aún cuestionar y comprender, en un texto que está a punto de acabar. Si hemos de elegir nos quedamos con el cuerpo, el cuerpo del bailarín. Cuesta, según dicen, hacerse con la calidad de movimiento que pide el coreógrafo y el conteo del tiempo tampoco ayuda. Formas biocinéticas se desplazan velozmente por el tabloncillo y a ratos se detienen para analizar el trabajo… Ni siquiera hablan… Juntos y solos la vez, en un prolongado silencio colectivo, respiran agitadamente. Hace un par de hora que ha escampado y el sol caliente como si nunca hubiera llovido. Los cuerpos sudorosos vuelven a arrancar y desde su soledad se comunican desde el interior de ese extraño fractal que es la danza.

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