A unos kilómetros de la parada de autobús

Hace unos meses revisando la programación de las Naves del Matadero y la Cineteca de Madrid supe que el equipo del Fiver —un festival internacional relativamente joven dedicado al mundo de la danza audiovisual— rindió homenaje a Billy Cowie en su sexta edición nombrándole artista del año. Yo no sabía quien era Billy Cowie hasta hace tres años. Lo vi por primera y única vez en La Habana. Partitura en mano dictaba con amabilidad indicaciones a los bailarines. Insistía en cuestiones técnicas pero sobre todo hablaba mucho de sensaciones y en cierto punto detuvo el ensayo para contar anécdotas relacionadas con experiencias de sus últimos procesos coreográficos. Eran anécdotas encauzadas a dar ambiente a su siguiente propuesta: Billy Cowie pedía a los bailarines cubanos algo cotidiano y aparentemente fácil pero no lo era. Hubo que probar muchas veces la escena porque Billy no quería una escena cualquiera. Necesitaba que se pareciera al amor o al dolor o al deseo o al consuelo: Quería una o varias parejas besándose. Quería un beso.

“Cuando creo una obra intento de alguna forma hacerla específica para ese país. Así que mi última pieza japonesa, Under Flat Sky es muy espiritual y lenta. Mi pieza para Italia, La tragedia di Eponima, es muy teatral y casi operística. En Cuba, darme cuenta de las dificultades diarias me llevó a usar pequeñas historias de la vida allí.”

Eso me escribió Billy Cowie para una entrevista que saldrá en el próximo número de Arte por excelencias. Bajo esta pureza del instinto trabaja él y con toda su pureza y buena fe, desencadenó más de un romance en Danza Contemporanea de Cuba tras el montaje de esta pieza que tuvo por título Tangos cubanos. Una experiencia que seguro es parte de futuras anécdotas en otro salón del mundo y con otros bailarines en la próxima creación del artista escoses.

En cuanto a experiencias de vida tengo una más que añadir. Meses después del estreno de esta obra, mientras yo estaba en Coruña con las últimas grabaciones de Fuera de escena me reuní con dos amigos que son a la vez dos grandes bailarines cubanos radicados en Galicia. Tenía la intención de rodar una secuencia en correspondencia con esos días que pasé en La Habana viendo trabajar a Billy Cowie. Yo quería una escena con otro fondo y con otra historia pero que tuviese, de alguna manera, un vínculo con esa realidad desdibujada por besos y mujeres navegando en delirios de saliva que había creador Billy Cowie. Beatriz Pérez y Armando Martén, better known as Los Martén, me siguieron la corriente y fijamos día y hora para grabar la escena.

Los Marten fueron miembros memorables de Danza Contemporánea de Cuba y referentes vivos para las jóvenes generaciones. Pero no esos referentes que te obligan a colgar una foto suya en el salón sino esos que aparecen en el ensayo de forma inmaterial en un recuerdo de manera persistente «Cuando se fue Betty ―suele recordar Miguel Iglesias, director de la compañía― cuando se fue Betty (repite para recalcar) me hicieron falta cinco bailarinas para armar ese personaje. Cinco, me hicieron falta cinco»; repite moviendo la mano bien abierta. Por su parte, Armando Martén, primera figura de DCC a lo largo de veinte años no requiere, a estas alturas del partido, presentación ni homenaje porque el es ya un figura, el es un Maestro, el se parece al amor, al dolor y al consuelo. Él es un beso.

Y con estos dos y su hija, andábamos por Monte Alto viendo qué podíamos grabar hasta que ellos concretaron una cosita muy simple y hermosa en una parada de autobús a la que yo le tenía puesta el ojo. No sé porqué pero siempre les decía, quiero que grabemos algo en la parada de autobús qué está cerca de la Torre. Y así fue.

Luego de eso, retomé algo que siempre abandonaba por miedo y por la pereza que supone tramitar derechos de autor. En este caso el autor de la música de Tangos cubanos era el propio Billy Cowie que más que un artista multidisciplinar es un genio. Sin el menor reparo y con una generosidad ya inusual pero propia de los grandes, Billy me dijo: «Claro que puedes usar mi mśuica. TODA mi música está libre en internet para quien la quiera». De ese modo, y con la venia del autor me puse a recopilar su música como un tesoro. Pero en mi tesoro acumulado no aparecía el tema que buscaba. Hasta que Alberto Riso, el ingeniero de sonido de Danza Contemporánea de Cuba, me dijo en un reencuentro: «Ale es que esa música que tú buscas, no se llama Tangos cubanos, ese track se llama: La parada de autobús.

Este sábado 22, a pocos kilómetros de esa parada de autobús y bajo el paraguas del Quincegotas, los coruñeses podrán ver Fuera de escena, la película completa en el Ágora.

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